Proceso de Grabación

Prehistoria (I)

En otros textos dentro de este mismo website puede verse la letra, la historia y mucha más información sobre cada una de las canciones que integran L.Q.V.B. Lo Que Vine a Buscar.

En este apartado dedicado al Proceso de Grabación solo diré que existía un cúmulo de canciones en mi mente que compartían una serie de variables. Por un lado, todas ubicadas dentro del género del rock por obviedad de estilo y recursos, algunas más cercanas al sub menú “balada de Rock”, otras más noventosas y teñidas de grunge.

Al mismo tiempo, y si bien distintas entre sí, todas conformaban un estilo de “sentido” cuando juntas. Ya desde la época en que, poco a poco, fui pudiendo grabarlos en Demos, se notaba esa comunión.

Siempre resulta interesante volver a los Demos una vez terminado el producto final. En la Home de mariomagno.com en la versión Premium puede accederse a una serie de Demos -versiones con otras letras o sin alguna sección rítmica, etc – de las canciones que integran este disco. Una vez conocida la versión final, resulta muy interesante volver a escuchar los Demos. Se adivina el recorrido, se advierte el proceso que necesariamente debió ocurrir.

Sucede de manera similar a aquella en la que uno entiende que el protagonista de una película de alguna manera tiene que haber viajado – algún medio de locomoción tomó, o caminó, quizás – para aparecer en el bar instantáneamente luego de salir de su casa. La mente de uno llena esos espacios con ficciones necesarias para mantener la continuidad y que la historia no se rompa.

Ahora bien, transitar el proceso en la realidad es algo mucho más sustancioso.

El segmento temporal global de un proyecto de dimensiones considerables (no tiene que ser relacionado con la música, claro, pero sirva L. Q. V. B. como ejemplo) está, después de todo, lleno de tiempos muertos.

Lleno de etapas de entusiasmo seguidas por otras de letargo. Luces y sombras por doquier.

Aún siento la sensación de escalofríos internos al pensar, allá por Agosto de 2021 cuando cerramos trato formal con el estudio y con el productor para llevar a cabo la producción, grabación y mezcla del disco, que me estaba embarcando en un proyecto que supeditaba mi realidad cotidiana a la para nada menor condición de virtualmente comprometer gran porcentaje de mi sueldo durante muchos – pero muchos – meses en pos de mantener el proceso vivo y evolucionando.

Fue la primera vez que sentí eso en mi vida.

Hoy, dos años y medio después y a punto de lanzar todo, veo que tomé la decisión correcta.

Pero, insisto, transitarlo no es tan fácil ni tan placentero como decirlo o analizarlo una vez superada la etapa. Lo que sí es, y ésta también es una sensación cuyos gatillos en la realidad suelen ser de los más difíciles de convocar, es que resulta reafirmante en el espíritu de uno, en
el ánimo, quizá, incluso, en la autoestima. La sensación del deber cumplido multiplicada por las dimensiones de lo conseguido elevado a que es lo que siempre quisiste. Algo así.

El camino del arte es siempre complicado. Y por momentos pareciera que las dificultades se revelan como alimento para ese arte, si uno no sucumbe ante ellas. Luego de un cierto tiempo se transforman en fortalezas. Casi como que si es demasiado fácil no completa el formulario para ser considerado como tal, finalmente.

Suele ser completamente inútil el arte. Es casi un requisito que lo sea. Si es útil, pues no es arte. ¿y entonces, para qué hacemos todo esto? ¿Para qué pintamos, esculpimos figuras, entrelazamos sonidos y las mil disciplinas?

Porque es lo que nos hace sentirnos definitivamente humanos, lo que nos distingue de otras especies y, al final del camino, de los otros humanos, también.

Se quiere compartir eso que se siente y se intuye único. Es casi una seguridad que eso lo siente uno mismo exclusivamente. Por tanto, es una manera de identificarse, de ubicarse en el espectro, de tomar entidad y posición respecto de la totalidad de lo que nos rodea.

El arte que hace uno, es lo que uno es. Es lo que a uno le sale cuando uno hace algo sin obligación de hacerlo. Es ese tronquito que, sin saber nada de tallado en madera, tallaste con la mirada perdida en el río cuando tuviste que escaparte unos días de la ciudad porque el agobio era demasiado. Es catarsis y es piloto automático, ambas cosas. Es la propia humanidad aflorando desde el inconsciente, moviendo músculos, conectando neuronas, inyectando órdenes de movimiento al ser desde el fondo del cosmos y desde el inicio de los tiempos.

Quizá todo lo anterior sea precursor de que, en manera similar a aquella en que cada familia extendida tiene algún tipo de sello en su comportamiento social grupal, así estas canciones se asocian y forman un algo orgánico. Como si fueran primas o hermanas entre ellas.

Disfruto el hecho de que haya sucedido así. No lo busqué, al menos no conscientemente.

Supongo que uno al crear deja su huella en lo que canalizó en un momento de inspiración y eso termina fundiéndose más fácilmente entre sí que miles de canciones de diferentes autores, por más parecidas que estas sean entre sí.

Realmente es un tema que me asombra y en el que pienso recurrentemente.

En cuestiones así prefiero creer antes que saber.

Vamos, un poco de magia que a este mundo no le viene nada mal.

Prehistoria (II)

Yo suelo ir a lo que he dado en llamar “la lomita de Plaza Francia” aquí, en CABA.

Es un hermoso lugar y está estratégicamente muy bien ubicado desde el punto de vista de la duración del sol de frente. Es el último lugar que sus rayos iluminan y calientan antes de perderse detrás del centro cultural en otoño/invierno y del paredón del cementerio – y un poco más allá – en primavera/verano.

Desde que llegué en 2006 de La Plata voy a pasar los días de sol – y muchos de los nublados, también – a ese, mi segundo lugar en el mundo.
El primero es la punta derecha de la restinga de Puerto Pirámide, Península de Valdés, en Chubut. Con marea alta, si podemos agregar el cuándo a la fórmula.

En ambos he vivido momentos y situaciones que atesoraré para siempre. Tan distintos objetivamente, tan iguales para mí.

Primeros pasos (I)

Fue allí, en la lomita, que conocí a Félix Carrizo, bajista, boticario y sabedor de datos raros de una inabarcable lista de temas completamente inconexos que comparte asidua y desinteresadamente con sus eventuales interlocutores. Cuanto menos tiene que ver con la situación, más inverosímil y traído de los pelos será el dato que Félix compartirá.

Un personaje, que se dice. Idiosincrasias, que son.

Félix es un tipo extraño. Lleva un tiempo conocer sus aristas. Es bastante reservado. Quizá debería decir que Félix es un tipo muy reservado. Eso, sí bien generalmente oficia como barrera al conocer a alguien, una vez superada esa etapa se convierte en un activo muy importante en una relación.
Sea una amistad, una relación de músicos en una misma banda, o una síntesis entre las dos, para mí es fundamental confiar en las personas que me rodean. Al estar siempre pendiente de crecer, siempre pensando en lo que vendrá y lo que se podrá, o no, hacer en el futuro, me resulta cuasi imprescindible rodearme de personas cuyo potencial de “decidí que a partir de mañana me voy a hacer hippie y me voy a sembrar repollos a El Bolsón” sea más bien bajo.

Félix es un tipo que me provee de esa seguridad. El puesto de bajista de la banda es suyo por mérito propio. Se lo ganó a fuerza de talento, perseverancia y ajustes internos en su ser porque – déjenme decirlo, está asumido – Mario Magno is not an easy guy.
Celebro haber encontrado un tipo como Félix. Su ego no choca contra el mío. Me da un poco de cosa reconocer que ese es un requisito para desarrollar mi música conmigo. No puedo compartir mi música y exponerla a la operación de una persona cuyo ego está compitiendo con el mío en ese momento. Necesito que la otra persona sienta y trate a la canción-fruto-de-la-inspiración como yo. Con humildad y respeto y perseverancia. No con parches baratos. No con soluciones fáciles. La canción es una Diosa a la que hay que vestir con sus mejores atuendos. Y no se la puede vestir a los empujones. Tampoco cuando uno quiera. Generalmente es cuando ella quiere. Con el tiempo se vuelven más maleables. Félix me ayuda a no volverme loco con estas cosas. Confía en mis canciones como yo. Las respeta como yo.

Cuando eso no sucede, y vaya si ha sucedido a lo largo de estos años, siento como un sacrilegio sagrado internamente. No está bueno, pero me pasa.
No sé si me gusta que sea así, ya estoy acostumbrado, igualmente.

Y los que me rodean, también.

Félix conforma con su chica una de esas parejas que se nota a simple vista que se llevan tan bien que son de hablar en voz bajita entre ellos pero que, a la vez, no se pierden nada de lo que pasa alrededor.

En fin, hay que escarbar un poco para empezar a distinguir sus vericuetos personales. Lo veo muy entusiasmado últimamente y eso me llena de energía.

Volvamos, cuando nos conocimos en Plaza Francia, no nos pusimos de acuerdo enseguida.

Desde que el usual encuentro dominguero se tornó saludo, luego humo compartido y pequeñas charlas hasta que, finalmente, tuvimos una conversación sobre la posibilidad de armar algo juntos, pasó alrededor de un año entero.

Eso sí, una vez nos “encontramos”, todo empezó a fluir. Y cómo.

Hoy me provoca cierta ternura (¿o será nostalgia? no estoy seguro, quizá una conjunción de ambas) recordar esas tardes que pasábamos – yo con la acústica y él con su anterior bajo – muertos de calor, tocando bien cerca de la ventana de mi casa que, para colmo, daba a un pulmón de edificio allá, por la zona de Congreso.

No fue, claro, la primera vez que pasé por ese proceso; es de lo más común en el ambiente musical. Sin embargo, fue uno de los que más disfruté. Pude ver sus avances en primer plano. Pude establecer parámetros respecto de lo que se revelaba como un escollo para él, tanto como de aquellas partes que parecía entender desde cero, como intuyendo que la canción tomaría ese rumbo. Asistí a cómo las canciones se iban adueñando de su espíritu y a la semana siguiente Félix volvía habiéndose adueñado de ellas.

Realmente no podría pensar en mejor persona para ser “el bajista de Mario Magno”, máxime tomando en cuenta que éste último puede llegar a ser bastante complicado a la hora de compartir su música personal. Remember, not an easy guy.

Yo le pasaba las bases de las canciones y le comentaba ya desde entonces cómo escuchaba la batería en la mente. Sucedió más de una vez que, luego de un día de horas largas de ensayo, al siguiente lo recibía con: “… che, Félix, te acordas de todo lo que hicimos el ensayo pasado? Bueno, olvídate todo, bórralo de tu mente; vamos desde cero con otro carácter para la base que se me ocurrió el otro día caminando por Callao y creo que es mucho mejor…”.

Y vuelta a empezar. Y nunca fue un problema eso. Así es cuando la persona en cuestión se siente herramienta en pos de un resultado ulterior que aún no llega a distinguir completamente pero para el que está dispuesto a trabajar, a aportar esfuerzos y a poner en juego vocación. Eso vale más que muchas otras variables típicas a tomar en cuenta en el ambiente musical. Los músicos que lean esto entenderán perfectamente a qué me refiero.
Así pasaron los meses, esto habrá sido entre enero y mayo de 2021. Como todos, tuvimos que ensayar encerrados, un tanto furtivamente, con barbijos, en fin, cosas de estos últimos años de las que ninguno estuvo exento.

Pero como dije antes, una vez que arrancamos ya no hubo freno.

Empezamos a ir a una sala de ensayo con un baterista que resultó no estar a la altura de las circunstancias, pero no llevó más de un mes o dos el darnos cuenta.

Luego probamos otro batero que sí me gustaba – y cuyo perfil sí daba con la banda – pero lamentablemente el hecho de programar grabar un disco durante el verano y enterarnos de que su trabajo era fundamentalmente el de salvavidas fue una paradoja imposible de la que tuvimos que librarnos.
Guardo muy buenos recuerdos de Emanuel y hoy en día sigue apoyándonos con sus likes y comentarios en nuestros posteos. Habla muy bien de él, tiene guardado un lugar en el backstage cuando quiera con nosotros. Cualquier banda de rock ganaría convocándolo.

Historia (I) – De Capital a Villa Elisa

Al mismo tiempo, yo ya había entrado en conversaciones con quien terminó siendo el productor integral del disco, Sebastián Perkal.
Mirando atrás hoy en día, con el proceso concluido, la perspectiva planteada y todo casi listo para ser lanzado, me parece una fantasía toda aquella primera etapa. Como un recuerdo con ensoñación.

Yo no pensé que me iba a prestar atención. Es muy groso, Sebastián.

Tiene tanta trayectoria, tanta presencia y relación con la historia del rock argentino del lado de las perillas de tantos estudios de los más grandes del país que… bueno, intimida un poco, realmente.

Pero cuando uno tiene en claro lo que quiere, pasa por encima de cualquier obstáculo. Y yo estaba decidido a emprender este viaje con el mejor productor posible.

Era ahora o nunca.

Me encontré con, como decimos por estos lares, un tipazo. Y un copiloto de esos a los que no solo te dan ganas sino que incluso, por momentos, crees que es mejor directamente cederle el control principal.

La experiencia es invaluable cuando se busca calidad en el producto final.

Hoy ambos podemos decir que somos amigos y no me extraña, dado que con el tiempo me fui dando cuenta de que todos opinan lo mismo sobre Seba.
Qué tipo cálido y considerado. Entendió la jugada de entrada.

Ojalá trabajemos juntos nuevamente.

En medio de la pre producción empecé a decirle Sebita – porque así le decíamos a los Sebastianes cuando yo era pibe y creo que inconscientemente allí fue donde lo ubiqué en mi mente. Nacimos con un mes de diferencia y nos empezó a interesar la música a la misma edad. Cada uno en su ámbito, claro.

Pero Nirvana, los Guns, los Red Hot, Metallica y toda la troupe que sobrevino una vez que Kurt dinamitó las pelucas y las calzas del Glam con la realidad depresiva y los saquitos de lana del Grunge, la vivimos y nos causó sensaciones muy parecidas que en las charlas de música de hoy en día se notan enseguida.

Ambos vimos y vivimos (él desde la mismísima práctica) la gradual migración de lo analógico a lo digital. Aunque visto desde ahora, veinticinco años después, se aprecia nítidamente que no fue gradual en lo más mínimo. Fue un shock total.

En fin, son muchas las coincidencias porque lo etario combina a la perfección y ambos somos locos por la música y todo lo que la rodea desde nuestra temprana adolescencia.

Contraté un productor y gané un amigo. Creo firmemente que si a L.Q.V.B. Lo Que Vine a Buscar le va relativamente bien, Ecostudio y la consola de Perkal nos verán aterrizar una vez más, con energías renovadas y canciones ídem. Guarden este tweet. O este X.

Historia (II) – Ecostudio – Villa Elisa - REC

El proceso de grabación de “L.Q.V.B. Lo Que Vine a Buscar” fue, de inicio a fin, todo lo que esperaba. Y más.

Como tantos otros músicos colegas, había tenido la oportunidad de grabar algunas cosas anteriormente. Incluso en estudios de envergadura, más que nada en La Plata.

Sin embargo, todas las ocasiones previas fueron siempre con autoproducción – tanto solista como incluso algunas pistas que grabamos allá con Revolver, tremenda banda de Hard Rock platense que duró menos de lo que debería. No incluyo aquí a Aladelta porque eso fue grabado y mezclado en una pieza, como puede verse en la sección Aladelta Hard Rock tanto en la versión Básica como en la versión Premium de este mismo sitio web.

En este caso, y luego de tomar una decisión que sabía afectaría mi vida – y la de gente que me rodea, acompaña y apoya –por un largo tiempo, todo se dispuso de manera distinta a todas las veces anteriores. Quizá haya sido yo que me dispuse a dar pasos cortos pero firmes. No lo sé. Es un hechizo muy potente la actitud continua de no conformarse. Y es muy difícil de mantener cuando la oferta del atajo suena ajustada y sus efectos finales casi imperceptibles.

Pero si uno se enfoca en la actitud de buscar calidad antes que cantidad o ahorro de tiempo… entonces las cosas se alinean. Y es importante no traicionar ese alineamiento voluntario de las variables. Al universo le gustan algunos planes. Y los apoya.

Por primera vez en mi vida puedo decir que planifiqué algo a largo plazo y sucedió. Tan difícil es hacer eso que uno puede enunciar en una sola oración que entenderlo es una cosa y llevarlo a la realidad es otra completamente diferente.

Ya habiendo cerrado trato con Seba Perkal, la banda se balanceaba entre lo bien que empezábamos a sonar en la sala de ensayo y lo frágil del compromiso en todo lo referido a la batería.

Decidimos que Sebastián vendría a Capital para un primer ensayo – en aquel tiempo ensayábamos en Avenida Belgrano.

La misma noche que vino Seba ocurrieron sucesos que fueron formativos para el corto plazo.

Por un lado, y sumado a que no podía comprometerse del todo, a Sebastián no le pareció que Emanuel tuviera el estilo a la hora de tocar que haría que los temas sonaran como él se los imaginaba. De ahí que haya aprovechado el envión de lo que le contamos sobre el verano y el puesto de salvavidas y directamente me haya dicho que había que conseguir otro baterista para seguir con el proyecto.

Por otro lado, le mostramos por primera vez un tema cuyo demo no le había enviado previamente y, si bien le gustó y se mostró entusiasmado al escucharlo, apenas terminamos de tocarlo me dijo que había que, directamente, cortarle la última estrofa. Así, a secas.

Fue fundacional para el proceso. Para mí, para mi ego admitido y sobre todo para el no admitido, fue muy difícil entender que por primera vez no era el dueño completo de la música que estaba haciendo.

Y para sumar descalabros, la persona que ahora me decía que a tal canción había que extirparle tal estrofa – que en mi mente era inescindible del sentido lírico del tema – era alguien a quien le estaba pagando que hiciera justamente eso.

Por suerte, y apoyándome mucho en la trayectoria de Sebastián, en la seguridad con la que me comunicaba algunas cosas y en las posibilidades que, me contaba, se abrían con tales cambios, pude de a poco ir acostumbrándome a ver cómo un profesional tallaba, pulía y a veces licuaba y volvía a ensamblar canciones que durante años yo había tocado de una única y misma manera.

Ese fue el salto cuántico que, creo, di como artista a instancias de Seba.

Hoy escucho el disco y me acuerdo de cada uno de los cambios que hicimos. En algunos temas más radicalmente; en otros apenas de estilo o sonido. Pero todos terminaron sumando a aquella familiaridad relatada al principio, desde el punto de vista conceptual, una nueva capa de conexión – ahora desde el sonido.

Paralelamente, el mismo Seba Perkal se contactó con Matías Juárez – batero que había conocido haciendo unas colaboraciones con otras bandas que grabaron en EcoStudio previamente – y luego de sondear si estaba libre y le interesaba, nos conectó.

De allí en más, fue todo en bajada. No libre de complicaciones. Pero una vez que tenés el camión con todos los melones, estos tienden a acomodarse por sí mismos con tan solo emprender la marcha.

Dicho y hecho.

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Historia (III) – Primavera de esfuerzos

El período comprendido entre fines de julio y fines de noviembre del 21 fue una montaña rusa de ensayos. Sin parar, hora tras hora, día tras día, fuimos mejorando, rearmando, constituyendo tanto la forma final de los temas como las características del sonido que creíamos el mejor. Luego fue cuestión de cómo arrimarlos tanto como fuera posible a la mejor versión de cada uno.

Fue durante esta etapa que finalmente terminamos de caer en cuenta o nos convencimos a fuerza de situaciones de que el grupo humano que se estaba formando sobre la marcha era el adecuado para esta banda. Es decir, para pensar en tocar el disco en vivo.

Matías resultó muy sólido en la bata y esto, incluso, siendo el que menos tiempo tuvo para familiarizarse con todas las canciones. Es un tipo divertido, afable, bien al estilo conurbano bonaerense. Laburador, en el mismo estilo. Mati tiene empuje.

Para mí fue tan importante acceder a sus capacidades con el instrumento y su atención para aprender rápido y consistentemente al principio tanto como lo es ahora saber que puedo desligarme de la batería cuando llego a la sala con una idea nueva, o directamente con un tema nuevo, y recorrerla y analizarla después, una vez que él ya se hizo uno con la canción.

Sabe, casi automáticamente, qué estilo voy a querer implementar yo más tarde, y va acercando el prototipo hacia esas zonas. Más de una vez durante el ensayo escucho algo fuera de lo común, de lo normal, y abro los ojos (suelo cantar con los ojos cerrados, no siempre, pero generalmente) y lo primero que veo es una mueca en su cara, como diciendo: “…viste que te hice abrir los ojos y bajar de Neptuno?”.

Ese tipo de complicidad es una pista de aterrizaje para mi confianza. El puesto de baterista se lo ganó con un esfuerzo descomunal al principio y con mucha responsabilidad y serenidad en la etapa posterior, la que surcamos hoy en día.

Le metió mucha garra a esa etapa. Todos llegamos un tanto quemados a todos los fines de año, por lo que sumarse a una banda para aprender 12 canciones de septiembre a diciembre es un gran desafío al nivel de stress que uno puede soportar.

Lo hizo y con creces. Grabó todas las bases en una semana, aproximadamente. Recuerdo los días de calor en el estudio, metiendo pista tras pista, descansando poco y trabajando mucho.

Grandes momentos que atesora mi memoria. Tardes de calor húmedo afuera y aire acondicionado en el estudio. Aprendí mucho mirando a Sebastián trabajar en Matías y la batería.

Una vez grabados los crudos de las pistas de batería, fue el turno de Félix de volcar un año entero de ensayos a final tracks. Otro que se lució, realmente. Tenía todo muy aceitado por lo que en dos o tres sesiones liquidó su parte. Para el 12 de diciembre teníamos las bases de todas las canciones listas para empezar a sumarles todo lo que les faltaba.

Pero ya era mucho, habiendo partido de la nada.

Seba ya me venía comentando que, entre los miles de músicos que habitan su agenda, había dos a los que consideraba perfectos para aportar música al álbum. A éste álbum. Y, claro, acertó dos plenos, como un apostador con experiencia yendo a lo seguro y guardando un espacio para la magia.
Cada movimiento significaba un desembolso de dinero por lo que había que estar seguros de que lo que se contratara surtiera el efecto esperado o, al menos, nos acercara al objetivo.

Lo que vino luego, en las sesiones de colaboración que terminamos conviniendo, fue más de lo que había imaginado.

Escala I : Nacho y la percusión y los mil chirimbolos

Tuvimos dos sesiones de percusión en las que Nacho (Cruzando el Charco) decoró algunas canciones siguiendo instrucciones mías y otras muchas directamente grabando muchos instrumentos de percusión de los más variados para que luego Seba con sus perillas tuviera material al cual subirle o bajarle el volumen respecto de lo que decidiera buscar en tanto sonido integral de cada canción.

La cumbia “Me había olvidado del Sol” fue, claro, la que más pistas sumó cuando Nacho visitó Ecostudio para grabar en el álbum. Y qué trabajo hizo!
Además, es un tipo afable, con quien da gusto trabajar y charlar entre sesiones.

Guardo un muy buen recuerdo de él y le agradezco la seriedad y responsabilidad con la que tomó su trabajo.

Escala II – Martín López Camelo y su talento inabarcable

En este caso, debo confesar que no creo que las palabras me alcancen para describir el impacto que me causó conocer y escuchar tocar el teclado a Martín. Vale aclarar que es multi instrumentista, pero lo llamamos por el piano, más que nada Rhodes y Hammond, claro.

Uno, casi indefectiblemente, tiende a entender qué lugar ocupa en el ambiente musical.

Es tan fácil como ir a ver algunas bandas, asistir a una jam de algún estilo, en fin… mal que mal, si uno no está mal calibrado internamente, entiende que hay mejores y peores que uno, y que lo importante es esforzarse por acercarse al pelotón de los primeros y alejarse del segundo. 

Bah, lo importante es tocar, cantar, etc. Pero creo que se entiende claramente a qué me refiero. Y no hay evolución sin esfuerzo.

El tema es cuando uno tiene enfrente a uno de esos especímenes que parecen “ver” las notas en el aire y poder conjugarlas a tiempo real de la manera que quiera, se le ocurra o, incluso más difícil, le instruyan a tiempo real.

No creo haber estado nunca (y vaya si he tocado con gente de nivel e incluso virtuosos, más que nada en guitarra) frente a alguien que tuviera tanta facilidad en todo aspecto referido a la música.

Es como que Federer venga a jugar un amistoso al club de tu barrio. No creo que me alcancen las palabras para definir el nivel de admiración que me causó Martín.

Y no solo musicalmente, sino que como persona es estilo Messi. El colmo de lo humilde, amable y componedor.

Habiendo dicho esto, solo resta escuchar el disco para oír lo que sumó. No le hizo falta escuchar mucho los temas ni tampoco mucho direccionamiento. Así y todo, hubo ocasiones en las que lo que hizo al principio no convenció tanto y cuento esto para resaltar que, tan pronto como le dije o dijimos de probar otro estilo en tal parte, directamente empezaba a tirar opciones tocándolas a tiempo real sin pensar y sin que hiciera falta mucho más que unas palabras para entender todo un significado y ejecutarlo sin errores ni ambigüedades.

Gracias, Martín. Y gracias Sebastián por haberme recomendado convocarlo. Claramente, uno de los más grandes aciertos. Y, si todo sale medianamente bien, pronto estará haciendo lo mismo en la primera tanda de canciones del segundo disco.

Historia (IV) – Un verano increíble…mente arduo

El tres de enero de 2022, apenas pasado fin de año 2021, fui por primera vez a lo de Seba a grabar guitarras.

Ese verano fue un hermoso calvario para mí. Hice lo que debía hacer para poder tener todo enero libre para poder grabar pero, claro, debí reemplazar vacaciones por trabajo en el estudio.

Esto culminó ya entrado 2022 cuando debí sentarme con mi jefe y explicarle que estaba completamente quemado, que era mi responsabilidad por lo que había hecho empalmando el trabajo de 2020 con el de 2021 con un mes de esfuerzo total y que necesitaba parar aunque más no fuera un par de semanas.
Cuento esto porque a veces es muy difícil calibrar el trabajo puesto detrás de un producto, el que sea. Si no tuviera la suerte de trabajar para gente sensata y con la que se puede hablar, explicar y convivir, quizá nada de esto habría podido ser realidad. O, más probablemente, habría sido mucho más difícil y no tan reconfortante como fue.

Ese enero sí que fue arduo. Todo Ecostudio para Sebastián y yo, solos. Toma tras toma, buscando sonidos. Grabando, probando, borrando y volviendo a grabar.

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Y una vez terminado el proceso de grabación de guitarras empezamos al día siguiente a grabar voces. Voz líder, coros, y un día para invitados (ver Historia de “Me había olvidado del Sol”).

Con Seba nos vimos en el estudio la totalidad de los días hábiles de enero 2022. Ese es el recuerdo, así lo tengo guardado en la mente.

Desde las 9 am hasta las 19 pm. Lunes a viernes, las cuatro semanas de enero. Fue un desafío, pero realmente puedo decir que me sentí cobijado por su experiencia. Me refiero a que al haber pasado por tantos procesos parecidos en su carrera, sabe cómo proceder, sabe cuándo frenar un poco, sabe cuándo tomar todas y cada una de las acciones necesarias.

Aprendí toneladas durante ese mes en el que casi convivimos en el estudio.

Luego sobrevino la etapa de mezcla y allí es donde Seba terminó de redondear su magia.

Sonrío ahora, pensando en esas semanas en las que cada mañana Sebita me mandaba tracks con los adelantos de cada tema y yo le iba devolviendo pareceres y vuelta a darle a las perillas. Recuerdo apurarme en mi trabajo para tener unos minutos para bajar a planta baja a fumar un tabaco escuchando las versiones que iban sucediéndose. Fue tan gradual la concreción de las ideas en música hecha y derecha que casi no lo sentí. Como envejecer. O como esa hora de la mañana en la que el sol está terminando de asomarse y de pronto ya es de día y no te diste cuenta.
De golpe, de un momento para otro, el disco estaba terminado.

Y las expectativas de un año antes se habían visto completamente superadas.

Fui feliz. Momentáneamente, claro, como siempre. Pero sí. Fui feliz. Lo recuerdo vívidamente.

Recuerdo sentir algo que no podría describir como otra cosa que felicidad. Porque la alegría se queda corta y la euforia se pasa de inestable. Cuando el mundo pasa a parecerse un poco más a como yo querría que fuera es cuando más fácilmente puedo alcanzar esos momentos de felicidad plena. Y la concreción del disco fue el paso más grande que he dado en ese aspecto en toda mi vida. Por lo tanto, tiene sentido que así me haya sentido.

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Luego de finalizar la etapa de mezcla y luego la de masterización, sobrevino la de creación de este sitio y de todo su contenido. La idea fue tomando cuerpo en mi mente de a poco. Creo que me va a gustar mucho leer esto en mucho tiempo. Mostrárselo a mis hijos o a mis nietos, eventualmente. Me atrae mucho esa idea a futuro.

Por otro lado, siempre fui muy aficionado a la introspección y a la escritura, por lo que todo este tiempo ha sido una especie de oasis catártico. Me he conocido un poco más y eso siempre es positivo.

La intención final de este y todos los textos y canciones que componen este pequeño universo es una y es clara. Que alguien se sienta compelido a perseguir sus sueños por haber leído que alguien más lo hizo y lo logró.

No importa cuál sea el objetivo. Lo que importa es acercarse a él con cada movimiento. Sin prisa, pero sin pausa.

En definitiva, L.Q.V.B. Lo Que Vine a Buscar es exactamente eso, lo que vine a buscar.

No lo encontré. Lo tuve que crear. Y ese es el mensaje final de todo esto.

Si querés algo, andá a buscarlo que ahí está, esperando por vos. Si no está, es porque tenés que crearlo. Entonces eso es lo que debes hacer. Es menester empezar. Siempre.

¿Las condiciones no están dadas?

Entonces es hora de trabajar, primero, en las condiciones.

Sin perder de vista el objetivo.

No cejes en tus esfuerzos por lograr lo que queres, máxime si lo venís queriendo desde chico.

Porque si eso es lo que nos merecemos.

Eso es lo que queremos.

Lo que sentimos que debería ser nuestro.

Lo que queremos hacer con nuestro tiempo en este planeta.

Eso es lo que vinimos a hacer. Eso es lo que somos.

Eso es Lo Que Vinimos a Buscar.

MM – Diciembre 2023

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Mario Magno

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